domingo, 11 de noviembre de 2007

No todo vale

Estoy seguro de que algún responsable político de este PP de los últimos tiempos preelectorales acabará por encontrar una relación causa efecto que atribuya la pérdida de Cuba a Zapatero. Solo desde esa lógica se pueden comprender las palabras del secretario de Comunicación del PP, Gabriel Elorriaga, en las que culpa del incidente entre Chávez y el Rey don Juan Carlos a la actuación de Zapatero, desde mi punto de vista, e incluso desde el de Aznar, irreprochable.

Todos hemos podido ver las imágenes en las que un Zapatero impecablemente institucional, no pierde la calma, apela al debido respeto al pueblo español que representa, y pide a Chávez que guarde las formas. Incluso tras las palabras del Rey, indica que Aznar fue elegido democráticamente por el pueblo español, recuerda al ex militar que sólo merece respeto quien respeta y cierra el incidente arrancando un aplauso. Esa es la realidad que todos vimos, en una cumbre tensa porque estaba centrada en la cohesión social de una zona del planeta especialmente sensible.

Está mal que Aznar en calidad de ex presidente pulule por medio mundo haciendo negocios con su yerno, en nombre de multinacionales y hablando mal de España, está mal que Chávez y Aznar tengan actitudes perversamente encontradas que se retroalimentan, está mal que desde el PP ataquen permanentemente la política exterior del PSOE, cuando debiera ser tema de Estado; está bien que Aznar felicite al Rey y a Zapatero por defenderle, que nos hagamos respetar, que aunque no nos convenza Chávez por sus excentricidades populistas entendamos que es a quien los venezolanos han elegido, lo demás, política de baja altura.

Desde el respeto, entiendo que Zapatero ha dado una lección de corrección política, y algunos, más debieran preocuparse por pedir moderación y respeto a los suyos, que en buscar carnaza donde no hay nada. En la contienda política, señores del PP, no todo vale.

domingo, 4 de noviembre de 2007

Dislates del PP en política internacional

Durante las últimas semanas todos los ciudadanos hemos sido testigos de cómo en su afán por recuperar la Moncloa los populares han recurrido a desatar las más bajas pasiones sin parecer importarle un ápice el que como consecuencia de estas políticas se pudiesen generar daños en la estructura, por fortuna consolidada, de la Democracia española. Ataques en todas direcciones que ahora, y cada vez con más intensidad, alcanzan incluso al Rey en su calidad de Jefe del Estado.

No me parecen de recibo las declaraciones de Gustavo de Arístegui, portavoz del PP en la Comisión de Exteriores del Congreso criticando “la actuación torpe del Ejecutivo” en relación con la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla.

Parece no acordarse de las tensiones vividas entre el Rey y Aznar, especialmente cuando el primero rompió su silencio durante la crisis previa a la invasión de Irak, recibió a Zapatero en la Zarzuela y se vio aislado ya que Aznar, olvidó el papel del Rey, que según dice el artículo 63.3 de la Constitución "Corresponde al Rey, previa autorización de las Cortes generales, declarar la guerra y hacer la paz".

Alguien no es capaz de acordarse acaso de los diferentes episodios de tensiones vividos entre Marruecos y España en el apogeo del aznarismo, que culminó en el desdichado episodio de Perejil. ¿No fue Zapatero quien recondujo esas relaciones al margen de cómo soplase al alba el viento del Levante? Pues ahora, cuando desde el reino alauita se está montando artificialmente una polémica carente de base legítima, de nuevo el PP lo usa para desgastar al Gobierno.Semejante cadena de dislates políticos hacen que el PP pierda cada día credibilidad para gobernar el país, porque desde mi modesta opinión señor Arístegui, no todo vale en la carrera de las generales.