domingo, 4 de noviembre de 2007

Dislates del PP en política internacional

Durante las últimas semanas todos los ciudadanos hemos sido testigos de cómo en su afán por recuperar la Moncloa los populares han recurrido a desatar las más bajas pasiones sin parecer importarle un ápice el que como consecuencia de estas políticas se pudiesen generar daños en la estructura, por fortuna consolidada, de la Democracia española. Ataques en todas direcciones que ahora, y cada vez con más intensidad, alcanzan incluso al Rey en su calidad de Jefe del Estado.

No me parecen de recibo las declaraciones de Gustavo de Arístegui, portavoz del PP en la Comisión de Exteriores del Congreso criticando “la actuación torpe del Ejecutivo” en relación con la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla.

Parece no acordarse de las tensiones vividas entre el Rey y Aznar, especialmente cuando el primero rompió su silencio durante la crisis previa a la invasión de Irak, recibió a Zapatero en la Zarzuela y se vio aislado ya que Aznar, olvidó el papel del Rey, que según dice el artículo 63.3 de la Constitución "Corresponde al Rey, previa autorización de las Cortes generales, declarar la guerra y hacer la paz".

Alguien no es capaz de acordarse acaso de los diferentes episodios de tensiones vividos entre Marruecos y España en el apogeo del aznarismo, que culminó en el desdichado episodio de Perejil. ¿No fue Zapatero quien recondujo esas relaciones al margen de cómo soplase al alba el viento del Levante? Pues ahora, cuando desde el reino alauita se está montando artificialmente una polémica carente de base legítima, de nuevo el PP lo usa para desgastar al Gobierno.Semejante cadena de dislates políticos hacen que el PP pierda cada día credibilidad para gobernar el país, porque desde mi modesta opinión señor Arístegui, no todo vale en la carrera de las generales.

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