Estos días leemos en prensa que A Coruña es el motor económico de Galicia como demuestran los datos sobre tejido empresarial, y, todo ello a pesar de la crisis, lo que permite pensar que tenemos ante nosotros un futuro que apreciar con moderado optimismo, con mejora del empleo y mejora social asociada a ese liderazgo en lo económico.
Mientras esto ocurre nos encontramos con el discurso, en permanente clave de nubarrones, de ciertos profetas con toque apocalíptico que se encontrarían más cómodos si las cosas fuesen a peor. Sólo desde esa visión utilitarista y necia de la realidad se comprende la burda puesta en escena del PP local coruñés pidiendo en un pleno la cooficialidad de la famosa y vieja L cuando sabe que la sede para exigirla, si esa es su simple prioridad política, es Santiago.
Y eso ocurre a la par que se está produciendo un incomprensible retraso en la entrega de las viviendas sociales de Eirís y Novo Mesoiro, en un intento de romper unilateralmente un acuerdo de modo de entrega alcanzado entre la anterior Xunta y el Concello para evitar que se materialice el objeto de dicho acuerdo y crear así un problema que posibilite cierto desgaste del gobierno local.
Mientras tanto aumentan las listas de espera en sanidade, se producen retrasos por parte de la Xunta en los pagos a los ayuntamientos para la aplicación de la ley de dependencia, se retira un complemento de 200 euros a los pensionistas que más lo necesitan, o se elimina la gratuidad de los libros de texto. Esa es la realidad, y en una muestra de deslealtad institucional que en 16 años de Fraga no se produjo, Feijoo trata de ningunear al Alcalde de A Coruña por la misiva que le envió en la línea de informar a su correligionario de que si quiere modificar algo del topónimo, acuda a él, que tiene mayoría en el Parlamento gallego. Señor Feijoo, en mi opinión, usted, con esa actitud ha faltado a todos los coruñeses al no saber separar la acción política de la institucional como corresponde a su puesto, y, si con eso quería confundir, al igual que con la actitud de su Superdelegado coruñés, ha errado de pleno, y ha colaborado a que se perciba que antepone la guerra política a las prioridades ciudadanas.
Mientras esto ocurre nos encontramos con el discurso, en permanente clave de nubarrones, de ciertos profetas con toque apocalíptico que se encontrarían más cómodos si las cosas fuesen a peor. Sólo desde esa visión utilitarista y necia de la realidad se comprende la burda puesta en escena del PP local coruñés pidiendo en un pleno la cooficialidad de la famosa y vieja L cuando sabe que la sede para exigirla, si esa es su simple prioridad política, es Santiago.
Y eso ocurre a la par que se está produciendo un incomprensible retraso en la entrega de las viviendas sociales de Eirís y Novo Mesoiro, en un intento de romper unilateralmente un acuerdo de modo de entrega alcanzado entre la anterior Xunta y el Concello para evitar que se materialice el objeto de dicho acuerdo y crear así un problema que posibilite cierto desgaste del gobierno local.
Mientras tanto aumentan las listas de espera en sanidade, se producen retrasos por parte de la Xunta en los pagos a los ayuntamientos para la aplicación de la ley de dependencia, se retira un complemento de 200 euros a los pensionistas que más lo necesitan, o se elimina la gratuidad de los libros de texto. Esa es la realidad, y en una muestra de deslealtad institucional que en 16 años de Fraga no se produjo, Feijoo trata de ningunear al Alcalde de A Coruña por la misiva que le envió en la línea de informar a su correligionario de que si quiere modificar algo del topónimo, acuda a él, que tiene mayoría en el Parlamento gallego. Señor Feijoo, en mi opinión, usted, con esa actitud ha faltado a todos los coruñeses al no saber separar la acción política de la institucional como corresponde a su puesto, y, si con eso quería confundir, al igual que con la actitud de su Superdelegado coruñés, ha errado de pleno, y ha colaborado a que se perciba que antepone la guerra política a las prioridades ciudadanas.
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