sábado, 20 de febrero de 2010

El becerro de oro

¿Con qué nos sorprenderá este fin de semana el arzobispo de Madrid, Rouco Varela, en su alocución semanal? Pretende entremezclar sistemáticamente creencias morales con normas de convivencia del momento; solo así es posible concebir el origen de su anterior sermón, el de la preocupación por la crisis económica y la incertidumbre que causa en aspectos tales como la garantía de las prestaciones de desempleo o jubilación para acabar refiriéndose a la crisis global del sistema, al agotamiento del modelo político y social del que, no sin dificultades, nos hemos dotado. Resulta chocante que el máximo responsable estatal de la Iglesia haga una observación tan hipócrita de la realidad, y hay que ver de dónde vienen como organización, que no dejan de ser eso, para entender el significado real que motiva sus palabras.


Durante años, y no solo en España, la alta jerarquía eclesiástica llevó bajo palio a dictadores de aquí y de allí que cumpliesen únicamente dos condiciones, ser de una derecha recalcitrante y hacerles un hueco en la estructura del poder del estado, por supuesto, confesional. Y así mientras la sociedad española se preocupaba a finales del 78 en buscar un consenso constitucional, la Iglesia estaba ocupada cerrando un acuerdo que le permitiese seguir teniendo privilegios no propios del estado laico que se estaba fraguando y que la iba a relegar al lugar que aún no han asumido. Y, tanto en España como en otros países, en democracia siempre manifestaron afinidad con las políticas de derecha, que para la cosa social acostumbran a ser nefastas.


¿Cómo es posible que quien se dedica, profesionalmente, a las cosas divinas participe en el combate político con tanto descaro cuando él mismo pide el respeto a la independencia en los asuntos de la Iglesia? ¿Por qué no funda un partido y hace esas incursiones con el mínimo de lealtad y coherencia exigible? ¿Cuántos le votarían? ¿Está la iglesia en un punto de conexión con la sociedad adecuado para dar consejos de este tipo? ¿Por qué nunca protestó contra la política de Aznar pidiendo mejoras sociales en los años en los que algunos se hicieron de oro? ¿Cómo se puede hablar de desigualdades cuando la misma Iglesia, a través de su red empresas de servicios de educación privada, huye de escolarizar a niños inmigrantes o de familias con problemas? Bueno, es cierto que los escolariza, pero en centros especiales, manteniendo las distancias, participando de la política de guetos, aislándolos, marginando, pura caridad, falta de empuje para crear una sociedad más justa, palabras.


Por fortuna hay gran cantidad de miembros de la Iglesia haciendo una labor impagable en barrios con problemas en todo el mundo, protestando contra la miseria, viviéndola, denunciándola y combatiéndola con hechos; no forman parte de la alta jerarquía, no saben nada de boato ni riqueza, y suelen ser acallados por estos políticos de diócesis que hacen “carrera” a costa de palabras huecas. Unos son imprescindibles, los otros, penosos.


martes, 9 de febrero de 2010

Apoyo al juez Baltasar Garzón

No me cae bien Garzón, no lo niego, nunca me ha caído, no es su tarea el agradar, pero reconozco que a pesar de errores que pueda haber cometido en su dilatada carrera judicial hay aspectos en su figura que molestan especialmente a sectores rancios y reaccionarios de nuestra sociedad y que merecen un reconocimiento.

El primero es que proviene de un entorno humilde, y no niega como ciertos imbéciles, su condición de persona que estudió y trabajó al mismo tiempo, como albañil y camarero, ya que la economía familiar no daba para más, cuando parece en estos sectores que la cosa de la justicia debe ser más o menos endogámica, que ya decía Fraga aquello de que era normal que los hijos de los altos cargos aprobasen oposiciones ya que provenían de sectores más “preparados para la cosa pública”, vamos, que lo “habían mamado”.

Segundo, a pesar de las múltiples instrucciones fallidas en relación con el entorno etarra y pro-etarra, nunca dejó de hostigar a los que juegan con los límites de la ley a su antojo para debilitar las instituciones y la convivencia de todos los que quieren vivir, y defender sus ideas, en paz, que además, no lo olvidemos, mucho trabajo, esfuerzo, lucha y sangre derramada en las cunetas costó. Esto parece sencillo, es su obligación, pero el hecho de él que saltase a los medios es producto, en parte, de que tomó decisiones que otros compañeros en idéntica posición no tomaron, ¿es fácil y agradable ponerse en el punto de mira de ETA? Creo que no, luego hay que valorar esta decisión como se merece.

Tercero, hizo una incursión en la política, ciertamente desafortunada, pero la hizo, sacó la bandera, cuando lo común por esas latitudes judiciales es la crítica permanente de salón al Legislativo y al Ejecutivo pero desde la distancia de quien no se moja, postura cómoda pero poco constructiva y vertebradota socialmente hablando.

Cuarto, la democracia española está consolidada, pese a quien pese, especialmente a aquellos que no votaron la Constitución y luego se aferraron a ella como algo propio, guardianes y custodios, como José María Aznar, y es ahora, superados ya los momentos en que hubo que renunciar a muchas cosas para sacar adelante la transición en el que corresponde hacer justicia con los que callaron durante años, con los que nunca pudieron señalar sin ser señalados dónde reposaban los suyos, por los que vieron truncados proyectos de futuro y vidas por el hecho de creer, equivocadamente o no, en algo, por el pecado de apostar por lo común, por la mejora de la sociedad, por luchar, por no querer ser unos indolentes más de la masa.

Ahí es donde está ahora Garzón, peleando, ya sea por vanidad o por creencia, por poner un poco de justicia en el asunto y, como no, un sindicato de ultraderecha, "Manos Limpias", se querella contra él ante el Poder Judicial por haber cometido un supuesto delito de prevaricación cuando investigó estos crímenes de la dictadura, de la Guerra Civil y del Franquismo, pidiendo la suspensión de sus funciones. ¿Algo habrá hecho bien Garzón para molestar a esta panda?

Vale, a lo mejor la ley de amnistía española de 1977 determinaba la prescripción de esos delitos y la fiscalía acertó oponiéndose a la investigación de Garzón, pero ¿se puede considerar un delito como tal tratar de dar respuesta a dónde están más de 100.000 personas, a cerrar las heridas de tanta gente, a negar que a pesar de la barbarie global de la época solo los descendientes de los perdedores siguen obligados a perder, a que los nietos de represaliados entierren a sus padres sin tener respuesta a qué fue de los suyos?. Creo que no.

Garzón no me cae bien, insisto, no soy objetivo al referirme a él, demasiados claroscuros, pero la campaña orquestada para apartarlo de la carrera judicial desde sectores ultra reaccionarios hacen que lo vea más cercano, más necesitado del apoyo de la gente que cree que en esta batalla perdemos todos si los de siempre consiguen su objetivo. Mi total apoyo para Garzón, y creo que no estoy solo.