domingo, 7 de marzo de 2010

8 de marzo, mucho por hacer

Dentro de unas horas se va a celebrar el día mundial de la mujer trabajadora, una fecha marcada que sirve para que no nos dejemos engañar y hagamos de la historia un olvido, imperdonable e inmerecido porque además estamos sumidos en un proceso hacia la igualdad real que, ni de lejos, está rematado. Los movimientos obreros supusieron para la mujer la primera oportunidad de participar, desde la igualdad con el hombre, en la lucha por los avances sociales, en la educación, en el mundo laboral, en aparecer en la vida política y económica, avances, en general, capaces de proyectar el desarrollo personal en clave de mayor libertad.

Mientras tanto, la derecha de siempre, esa que dice representar tranquilidad y orden (únicamente en época electoral lo llaman centro), se esfuerza en asfixiar cualquier síntoma de avance en materia de derechos que posibiliten una mayor seguridad jurídica y sanitaria para quienes opten por acogerse a los supuestos recogidos en la nueva ley sobre la interrupción voluntaria del embarazo. El lenguaje se retuerce, el miedo al cambio asusta, se pone en marcha la liturgia mecánica tan bien engrasada de las medias verdades a través de esos medios de comunicación que, curiosamente, son siempre de derechas y de financiación imposible con la publicidad que emiten, los ánimos se caldean y en la marcha convocada este domingo por una plataforma ultra-católica, llena de padres acompañados de críos, se oyen insultos hacia la responsable de igualdad del tipo "¡Asesina!", "¡roja!", e ¡hija de puta!", lo más edificante que resume la síntesis de quiénes son, de que caverna vienen y a dónde nos quieren volver a llevar.

El Constitucional lo dejó claro en el 85, la vida humana en formación es un bien jurídico que merece protección, pero no es una vida como tal. Eso es lo que hay, el resto palabras infundadas, por mucho que lo repitan desde la demagogia hasta el infinito y más allá. ¡Ah!, y la presencia de altos cargos del PP, ex-ministros y demás en busca del titular que no dieron durante ocho años de gobierno, si creen lo que dicen, bien pudieron haber abolido la ley del aborto en ese tiempo. La vida adulta en general, y la política en particular, consiste en decidir y apostar desde la coherencia y, visto lo visto, por ahí, por mucho que redoblen los tambores, poquito.

Hay mucho camino por recorrer aún, datos que reflejan tendencias perversas de que la crisis económica está afectando más a la mujer, estudios que hablan de discriminación laboral y salarial,…pero hay que creer que cualquier cambio es solo posible con la implicación de todos, desde la responsabilidad en común, pero que las decisiones sobre el rumbo de su vida las tiene que tomar la mujer, por mucho que otros se hayan quedado anclados en ritos y formas derivados de la misoginia trabajada a lo largo de la cultura judeo cristiana; la parroquia es para los fieles, la sociedad, la capacidad de definir los marcos políticos, de todos.

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