domingo, 25 de abril de 2010

Sin palabras





Sin palabras, sin excusas, sin vergüenza. Utilizando al más débil, parapetándose tras un panfleto del que ahora nadie parece ser autor.

Dice el Art. 510 del Código Penal:

1. Los que provocaren a la discriminación, al odio o a la violencia contra grupos o asociaciones, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a una etnia o raza, su origen nacional, su sexo, orientación sexual, enfermedad o minusvalía, serán castigados con la pena de prisión de uno a tres años y multa de seis a doce meses.

La pregunta es ¿debería actuar de oficio la fiscalía e investigar el origen y la difusión de este pastiche por poner en riesgo valores jurídicos fundamentales que atañen a la sociedad en general? Creo que no hay duda; no nos podemos permitir que por un puñado de votos se fomente la xenofobia y se cree el ambiente propicio para la germinación de la semilla del odio; que quien lo tenga se aparte de la cosa pública y, si no quiere, que se tomen medidas para apartarlo, de no hacerlo todos seremos cómplices.

martes, 20 de abril de 2010

Legalidad vs. legitimidad

La legalidad no es necesariamente compañera de la legitimidad; menos aún para el desempeño de los cargos públicos, así, aunque, la justicia determine otra cosa, quien en su día formó parte de mesas de contratación no debería haber pasado, tras ser Director Xeral de Obras Públicas, a trabajar en una empresa adjudicataria de contratos que él mismo había adjudicado. Quizás llegue a ser legal a pesar de la Ley de Contratos del Sector Público, pero ético ni legítimo no. Tampoco lo es que si la sala de lo civil y penal del Tribunal Superior de Justicia de Galicia admite a trámite una querella presentada contra un conselleiro, imputándolo de falsedad documental, estafa y fraude a la Administración Pública cuando ejercía en la Diputación de Pontevedra aquí no pase nada.


Pues bien, este es el mismo responsable político, hoy conselleiro de Medio Ambiente, Territorio e Infraestructuras, que viene a dar lecciones de transparencia y gestión en A Coruña, asegurando que, si como responsable de una institución pública autonómica tuviera entre sus competencias la aprobación de un estudio informativo o un determinado proyecto con el número de alegaciones proporcional al que tuvo el Plan Xeral de Ordenación Municipal coruñés, haría una reflexión sobre los errores del proyecto.


Reflexionar está siempre bien, pero obvia el señor Hernández, seguramente asesorado por un Negreira de paso que ni conoce, respeta ni valora esta ciudad más allá de sus intereses personales, que este proyecto, visible en todo momento a través de la Web municipal, recibió el respaldo unánime de todos los sectores cuando lo presentó Busquets hace escasos meses y que, solo la obsesión del PP local por frenar la puesta en marcha de dicho plan, poniendo en marcha una insidiosa campaña de mentiras ha generado tal aluvión de alegaciones, de las cuales, la práctica totalidad son fruto de ella, prácticamente calcadas, y a día de hoy claramente desmontadas por las evidencias.


Y lo peor de este asunto es que un conselleiro caiga en esa tentación de hacer oposición desde un cargo institucional, lo que evidencia deslealtad a la ciudadanía, por no hablar de lo que me atrevo a denominar “Ingeniería de gestión” para modelar, saltar o rodear las normas de incompatibilidades, procedimientos administrativos o contratación pública. Como referente ético señor Hernández, si algún día lo fue, creo que ha perdido unos cuantos puntos.

domingo, 18 de abril de 2010

700 días

Para mí Sabina es una especie de sabio, un poeta que escribe y canta de primera mano lo que una vida intensa le ha permitido aprender, un tipo de esos que se han deslizado muy cerca del lado oscuro pero que ha sabido mantenerse a flote sin respetar más ley que la suya, la del deseo. Alguien que no lamenta nada de lo hecho porque nada ha dejado de intentar, que se come la vida a bocados en vez de perderse en suspiros. Ángel y demonio, implicado pero golfo. Acostumbro a escuchar detenidamente sus letras, siempre encuentro algo nuevo, y lo adapto a la medida de lo que esté viviendo en ese momento, suelo hacerle caso, pero, ahora no quiero; bastantes veces he tirado de aquello de “…en Comala comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver…”, esta vez, para variar, no, rehuyo el miedo a retornar a dónde apuesto que voy a volver a ser feliz, sin miedo a que los buenos recuerdos no se materialicen en experiencias positivas nuevas, y sin miedo tampoco a dejarme un pedazo de mí, para siempre, en un mundo que no me pertenece pero que llena. Habrán pasado 700 días, y no sé cuántas noches, no sé si cerraré un ciclo o abriré otro, sólo se que la decisión está tomada, que hoy quiero, y que cada día es una oportunidad de modificar lo que hay a mi alrededor a la que no voy a renunciar; incluso podemos escoger cuales serán las cosas que nos rodearán mañana, sobre las que actuar, y que nos influirán a nosotros. Ayer, viviendo una noche de esas para recordar, con música y copas entre amigos, alguien dijo lo mucho que puede variar tu vida una pequeña decisión tomada un día; y lo dijo Laura, con una sonrisa perfecta, satisfecha con las vueltas que le ha dado la vida. Comprendí muchas cosas. Que siga girando todo, que no se enfríe la sangre, que no se ofusquen las cabezas, y que no falte nunca la calidez de un amigo para levantar una copa, o una caña. Empezando a trazo grueso, pero deteniéndose, sin prisas ni dirección fija, a definir los matices que hagan de cada minuto algo único.

lunes, 12 de abril de 2010

Desinfección necesaria

La miseria moral en la que vive instalada alguna gente, afortunadamente de un modo hoy aún marginal, permite incubar ideas propias de la decrepitud pseudointelectual que retroalimentan, desde siempre, al radicalismo carente de todo sustrato ideológico más allá de la teórica formulación de una “alternativa” política que para la extrema derecha pasa por la imposición de sus ideas destructivas, xenófobas y fascistas que justifican los desmanes allá donde tienen oportunidad de llevarlos a cabo.

Decía socarronamente Alfonso Guerra hace ya años, cuando aquello del giro al centro del PP “…llevan años girando…¿de dónde vendrán…?”, algunos, los menos, de la caverna franquista a la que renunciaron para integrarse en la normalidad democrática. Otros, sin embargo, se han quedado allí, que para eso sigue existiendo esa posición de extrema derecha, nostálgicos, brazo en alto, insolencia y odio al diferente, manteniendo viva la llama de organizaciones ¿políticas? cuyo nombre aún asusta a los que sufrieron el terror de sus maneras de hacer. Y encima se permiten estirar al límite el terreno de juego de las normas, buscar los puntos débiles del sistema para provocar fisuras en la estructura de convivencia social que, ellos nunca apoyaron, pero de la que, cual parásitos que son, se sirven para minar el edifico democrático.



Así es posible explicarse la denuncia a Garzón, y, solo desde un garantismo que rebasa los límites de lo razonable se entiende que esta haya prosperado. La justicia hablará, agotando todas las instancias, pero, según como lo haga, puede salir tocada por no haber sabido buscar en su momento instrumentos jurídicos con los que parar las reclamaciones de estos bravucones, fanfarrones e impresentables campeones de la incoherencia que se sirven de una democracia en la que no creen, fraguada sobre unos cimientos que les ofrecieron, vía ley de amnistía, patente de corso para seguir riéndose de todo y de todos.

Todos somos los depositarios morales de mantener vivas las verdades de una historia dura que no debemos olvidar y, quizá, la mejor manera para ello, suscribo lo que dijo hoy Pepe Blanco, sea buscar resquicios que permitan, al amparo de la ley de partidos, hacer la cirugía que permita la necesaria limpieza y desinfección antes de que el virus se extienda.

miércoles, 7 de abril de 2010

Ícaro

Suceden a veces cosas, producto de la casualidad, que te evocan ideas, pensamientos,... cosas pendientes que has ido aparcando sin un motivo y, de golpe, empiezas a barruntar de nuevo viejos sueños. Eso me pasó el otro día, recorriendo una pequeña, encantadora y céntrica calle de Bilbao, de repente la vista se me giró hacia un escaparate de una tienda que me pareció estaba decorada con un gusto especial, tanto que me puse a hacer, con la cámara del móvil y la complicidad de la dueña del local, unas fotos a los detalles que, dentro de la calidad general del lugar, me parecían destacables.

Así, y tras cruzar una puerta, en la trastienda se abrió ante mis ojos una especie de viejo galpón que escondía, además de un sinfín de viejos y bellos objetos, un par de alas de avión de las de los pioneros, estructura de madera y cobertura de tela, el alma de algún sueño contenida en ellas. Pocas veces me transmitió tantas cosas un objeto, antiguo, fabricado, seguramente, de modo bastante artesanal, por unas manos expertas que mimaban y valoraban como premio el trabajo bien hecho.

Unas alas de un viejo avión, muchos viajes, sueños y cosas por hacer, carecemos de alas pero podemos dejar volar nuestro pensamiento, "...que gane el quiero la guerra del puedo...", sentirse como Ícaro, dejándome llevar y volando bajo para que la cera de las alas no se derrita al calor de los rayos de sol, sin lastres innecesarios pero con con el equipaje preciso, nada más, nada menos. Aprender a separar el grano de la paja, lo imprescindible de lo accesorio, que no falte la referencia de apostar por lo que, verdaderamente, llena y da contenido.