La miseria moral en la que vive instalada alguna gente, afortunadamente de un modo hoy aún marginal, permite incubar ideas propias de la decrepitud pseudointelectual que retroalimentan, desde siempre, al radicalismo carente de todo sustrato ideológico más allá de la teórica formulación de una “alternativa” política que para la extrema derecha pasa por la imposición de sus ideas destructivas, xenófobas y fascistas que justifican los desmanes allá donde tienen oportunidad de llevarlos a cabo.
Decía socarronamente Alfonso Guerra hace ya años, cuando aquello del giro al centro del PP “…llevan años girando…¿de dónde vendrán…?”, algunos, los menos, de la caverna franquista a la que renunciaron para integrarse en la normalidad democrática. Otros, sin embargo, se han quedado allí, que para eso sigue existiendo esa posición de extrema derecha, nostálgicos, brazo en alto, insolencia y odio al diferente, manteniendo viva la llama de organizaciones ¿políticas? cuyo nombre aún asusta a los que sufrieron el terror de sus maneras de hacer. Y encima se permiten estirar al límite el terreno de juego de las normas, buscar los puntos débiles del sistema para provocar fisuras en la estructura de convivencia social que, ellos nunca apoyaron, pero de la que, cual parásitos que son, se sirven para minar el edifico democrático.

Así es posible explicarse la denuncia a Garzón, y, solo desde un garantismo que rebasa los límites de lo razonable se entiende que esta haya prosperado. La justicia hablará, agotando todas las instancias, pero, según como lo haga, puede salir tocada por no haber sabido buscar en su momento instrumentos jurídicos con los que parar las reclamaciones de estos bravucones, fanfarrones e impresentables campeones de la incoherencia que se sirven de una democracia en la que no creen, fraguada sobre unos cimientos que les ofrecieron, vía ley de amnistía, patente de corso para seguir riéndose de todo y de todos.
Todos somos los depositarios morales de mantener vivas las verdades de una historia dura que no debemos olvidar y, quizá, la mejor manera para ello, suscribo lo que dijo hoy Pepe Blanco, sea buscar resquicios que permitan, al amparo de la ley de partidos, hacer la cirugía que permita la necesaria limpieza y desinfección antes de que el virus se extienda.