Suceden a veces cosas, producto de la casualidad, que te evocan ideas, pensamientos,... cosas pendientes que has ido aparcando sin un motivo y, de golpe, empiezas a barruntar de nuevo viejos sueños. Eso me pasó el otro día, recorriendo una pequeña, encantadora y céntrica calle de Bilbao, de repente la vista se me giró hacia un escaparate de una tienda que me pareció estaba decorada con un gusto especial, tanto que me puse a hacer, con la cámara del móvil y la complicidad de la dueña del local, unas fotos a los detalles que, dentro de la calidad general del lugar, me parecían destacables.Así, y tras cruzar una puerta, en la trastienda se abrió ante mis ojos una especie de viejo galpón que escondía, además de un sinfín de viejos y bellos objetos, un par de alas de avión de las de los pioneros, estructura de madera y cobertura de tela, el alma de algún sueño contenida en ellas. Pocas veces me transmitió tantas cosas un objeto, antiguo, fabricado, seguramente, de modo bastante artesanal, por unas manos expertas que mimaban y valoraban como premio el trabajo bien hecho.
Unas alas de un viejo avión, muchos viajes, sueños y cosas por hacer, carecemos de alas pero podemos dejar volar nuestro pensamiento, "...que gane el quiero la guerra del puedo...", sentirse como Ícaro, dejándome llevar y volando bajo para que la cera de las alas no se derrita al calor de los rayos de sol, sin lastres innecesarios pero con con el equipaje preciso, nada más, nada menos. Aprender a separar el grano de la paja, lo imprescindible de lo accesorio, que no falte la referencia de apostar por lo que, verdaderamente, llena y da contenido.
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