La dimensión religiosa de la persona es algo completamente libre, reconocida constitucionalmente y que cada individuo escoge si la mantiene en el ámbito privado o hace de ello algo público. Es el estado español, a través de su ordenamiento el que posibilita, a la vez que garantiza, ese ejercicio así como el laicismo del país, lo que determina que exista una clara división entre la cosa pública y la religiosa, que de tiempos en los que tal línea no existía mejor no acordarse, ¿o sí?. Digo esto porque esta semana la Conselleira de Sanidade, Pilar Farjas, va a explicar a los asistentes a la Semana de Teoloxía e Pastoral da Coruña como se vive el compromiso político desde la fe, y ella es la Conselleira de todos independientemente de su orientación religiosa y, por que no decirlo, sexual.
Desde el máximo respeto, y la simpatía que reconozco me genera esta persona, dudo de la idoneidad de este tipo de intervenciones por parte de quien debería discernir con claridad las diferencias entre lo que atañe a todos, lo político y administrativo, o solo a quien lo elige, como lo religioso. Me parecieron poco adecuadas su participación en un homenaje a Rouco Varela, adalid del extremismo religioso español, su frontal oposición a la Ley de Salud Sexual y Reproductiva apelando a que la única libertad de la mujer es aquella que le permite sacar adelante un embarazo y representa a la parte del PP gallego que apuesta por sacar adelante una iniciativa legislativa popular promovida por los ultra católicos de Red Madre para pagar las actividades de ese grupo que quiere gestionar una red asistencial para embarazadas con cargo al erario público.
Son notas de un perfil demasiado radicalizado para quien debe gestionar la salud de los gallegos, y que en estos días de verano estamos viendo como los hospitales se vacían de médicos sin que se les busque sustituto, se cancelan intervenciones programadas, se hacen cambalaches de pediatras como en A Coruña desde Os Mallos para A Torre, crecen las listas reales de espera y en fin, los problemas de una sanidad pública gallega que en febrero afirmaba usted que solucionaría casi casi con una varita mágica. En mi opinión dedique su tiempo de función pública a la gestión, y, en privado, si considera que la profesión de fe la ayudará en su cometido, adelante y, por supuesto, ni en Citroen ni en Audi, a un evento de este tipo no haga uso de un vehículo oficial, la actividad privada, vehículo privado. De no hacerlo así dejará de ser la Conselleira de todos.