sábado, 2 de enero de 2010

¿Hipocresía?


Rajoy y Moragás sirviendo comidas antes de irse a comer a otro lado

La foto de Rajoy sirviendo comidas en un centro de acogida de Madrid da para una reflexión de cierto calado acerca de cómo entiende la derecha en este país la cosa de las políticas sociales, beneficencia y caridad en vez de apoyar políticas que permitan, desde un punto de vista de la solidaridad, cierta redistribución de la riqueza a través del gasto público en un esfuerzo permanente de ofrecer a todos los ciudadanos, vengamos de donde vengamos, igualdad de oportunidades.

Es lógico que esta actitud haya sido criticada, por lo puntual y por la presencia de los fotógrafos, y, además, porque apelar a la beneficencia es una manera de mantener las diferencias sociales, de posicionarse en un plano superior, de no trabajar para eliminar la barrera, sino mantenerla y dosificar la desigualdad.

Si hablamos del tema del aborto nos encontramos con que, después de haber estado ocho años en el gobierno no tocaron ni una coma de la anterior ley, sin embargo, es hablar de una reforma que permita mayor margen de decisión a la mujer, así como seguridad jurídica y sanitaria, y ponen el grito en el cielo apoyándose en aquello de que una “niña” de dieciséis años no tiene madurez suficiente para tomar una decisión de ese calado, pero aún dando por válida la falta de madurez a esa edad, como se explica que pidan cambiar la legislación para poder imputar penalmente a menores de esos años, ¿dónde queda ahí el criterio de la madurez?, ¿hay criterio?, sí, el de la economía, algún gurú de cierta fundación debió de echar las cuentas y le sale que es más barato encarcelar a menores, abocándolos a un presente y futuro de carne de cañón que tratar de encauzar sus vidas.


Lo mismo ocurre en aspectos relativos a la educación o la sanidad, e incluso las pensiones, siempre apoyando la deriva a los sistemas privados, al espíritu individualista incapaz de construir sociedad en común, el que pueda que pague, y el que no, que quede progresivamente fuera. Por no hablar de las llamadas continuas a los recortes en prestaciones por desempleo y a la flexibilización del mercado laboral, palabras dudosas cuando las pronuncia gente que en muchos casos ocupa puestos políticos desde la seguridad de una excedencia en alguna administración pública.

¿Cómo no considerarlas actitudes hipócritas?



3 comentarios:

Ángel Martínez dijo...

Siendo yo normalmente moderado y razonado en cada uno de mis comentarios... directamente hoy diré que Moragas me parece un gilipollas de mucho cuidado, de los que toda la vida lo será y ha sido. Me arriesgo a que me censuren, sería lo lógico por usar dichas expresiones, pero reitero, el que lo es, lo es.

Ni por ser del PP, ni por ser político ni historias, simplemente por ser él.

Y parenciéndome Rajoy un So-Simple de mucho cuidado, pues la foto define los hechos que acontencen. Es tan cruel que los señoritos crean que van a convencer a alguien que son solidarios, que quedan mal ellos mismos.

Habría que verlos en Senegal, yo creo que ni tocarían a los niños por miedo.

Hipocritas, falsos, y encima echándole morro a la vida.

Jesús Fernández Diez dijo...

A ver Ángel, a pesar de que sé a ciencia cierta que te pierden algunas cosas no es motivo para que descalifiques así, aunque me dirás que es un adjetivo, que está en el diccionario de la RAE y demás. Está claro, son unos hipócritas, pero eso no los convierte en merecedores de calificativos despectivos; desde el respeto nos hacemos entender mucho mejor, aunque a veces cuesta mantener las formas debemos hacerlo.
Saludos

Tiel La Chunga dijo...

Me gustaría hacer referencia a ciertos aspectos relacionados con la nueva ley del aborto que figuran en la entrada del día 2 de enero. El partido popular se muestra contrario a una reforma que es más que necesaria, escudándose en motivos de índole moral o religiosa, dejando a un lado las evidentes ventajas que esta puede proporcionar al colectivo sanitario y a miles de mujeres. Lo único que consiguen bajo esa supuesta pretensión que esgrimen de "salvar vidas" es, en todo caso, perderlas; pues las mujeres seguirán abortando si así lo creen oportuno, de forma más o menos clandestina o en mejores o peores condiciones higiénico-sanitarias; arriesgando en ocasiones sus vidas, no gozando de unos derechos, facilidades y comodidades, vigentes en numerosos países del entorno que la nueva ley les brindaría.